James Allen
Una de las obras que mas ha impactado mi vida y que dejó una marca indeleble en mi subconsciente fue precisamente el contenido de este fabuloso libro. El autor narra de una manera científica e inequívoca que el hombre es el resultado de los pensamientos, por ello, quien ignora esta verdad esta condenado al fracaso!
Empecemos de inmediato a disfrutar de este breve resumen:
“Lo que un hombre piensa en su corazón, así es ese hombre” Este concepto, no solo abarca el hombre completo en sí, sino que tiene un alcance tal que influye en todas las situaciones y circunstancias de su vida.
Un hombre es literalmente aquello que piensa y su carácter es la suma total de todos sus pensamientos. El hombre es el amo del pensamiento, el forjador del carácter, el arquitecto y artista de las situaciones, del medio ambiente y del destino; por lo tanto, como un ser con poder e inteligencia, como el amo y señor de sus propios pensamientos, el hombre posee la clave de cualquier situación y lleva en su interior la fuerza que transforma y regenera, por medio de la cual puede hacer de si mismo lo que desea.
Solo después de una larga búsqueda y de una intensa explotación se logra encontrar una beta de oro o una mina de diamantes. El hombre puede también encontrar todas las verdades relacionadas con su propio ser si busca y escudriña en lo profundo de su alma.
“Lo que un hombre piensa en su corazón, así es ese hombre” Este concepto, no solo abarca el hombre completo en sí, sino que tiene un alcance tal que influye en todas las situaciones y circunstancias de su vida.
Un hombre es literalmente aquello que piensa y su carácter es la suma total de todos sus pensamientos. El hombre es el amo del pensamiento, el forjador del carácter, el arquitecto y artista de las situaciones, del medio ambiente y del destino; por lo tanto, como un ser con poder e inteligencia, como el amo y señor de sus propios pensamientos, el hombre posee la clave de cualquier situación y lleva en su interior la fuerza que transforma y regenera, por medio de la cual puede hacer de si mismo lo que desea.
Solo después de una larga búsqueda y de una intensa explotación se logra encontrar una beta de oro o una mina de diamantes. El hombre puede también encontrar todas las verdades relacionadas con su propio ser si busca y escudriña en lo profundo de su alma.
Estas son básicamente las verdades fundamentales, los principios infalibles y los preceptos inspirados sobre los que James Allen, autor de este libro, ha escrito uno de los documentos más profundos y de mayor influencia de nuestros tiempos: LO QUE UN HOMBRE PIENSA.
La mente del hombre es comparada a un jardín, puede cultivarse con arte e inteligencia o dejar que crezca sin orden ni concierto, pero bien sea que se cultive o que se descuide, debe producir y necesariamente producirá algo; es decir que si no se plantan simientes que den frutos buenos y útiles, caerá en la tierra un número abundante de semillas, de hiervas inútiles que continuarán reproduciéndose. Y así como un jardinero cuida de su jardín, conservándolo limpio de hierbas y cultivando las flores y los frutos que necesita, así también el hombre puede cuidar del jardín de su mente arrancando los pensamientos equívocos, ociosos e impuros y cultivando las flores y los frutos de pensamientos rectos y provechosos, tratando constantemente de mejorar sus esfuerzos hasta lograr la perfección.
Todo ser humano se encuentra en el lugar en que se encuentra por la ley de su existencia. Los pensamientos que ha inculcado en su carácter, lo han llevado hasta ese lugar y no hay ningún elemento casual en el concierto de su vida, todo es resultado de una ley que no puede equivocarse; y esta afirmación es tan verdadera para los hombres que se sienten fuera de armonía en su medio ambiente como para los que están contentos y satisfechos en él.
Todo ser humano se encuentra en el lugar en que se encuentra por la ley de su existencia. Los pensamientos que ha inculcado en su carácter, lo han llevado hasta ese lugar y no hay ningún elemento casual en el concierto de su vida, todo es resultado de una ley que no puede equivocarse; y esta afirmación es tan verdadera para los hombres que se sienten fuera de armonía en su medio ambiente como para los que están contentos y satisfechos en él.
El hombre será victima de las circunstancias mientras piense que es el producto de condiciones exteriores, pero cuando comprende que él mismo es una fuerza creadora, entonces puede dominar la tierra oculta y las semillas de su existencia, de las cuales nacen las circunstancias, convirtiéndose así en señor de sí mismo.
El alma atrae aquello que secretamente anhela, aquello que ama y también aquello que teme y se eleva hasta la cumbre de sus más caras ambiciones o cae hasta el pozo de sus deseos equívocos impulsadas por las circunstancias, pero las circunstancias no hacen al hombre, sólo lo revelan a él mismo; el hombre no atrae lo que desea sino lo que es; el aliento divino que moldea nuestros destinos está en nosotros mismos, es nuestro propio ser.
El alma atrae aquello que secretamente anhela, aquello que ama y también aquello que teme y se eleva hasta la cumbre de sus más caras ambiciones o cae hasta el pozo de sus deseos equívocos impulsadas por las circunstancias, pero las circunstancias no hacen al hombre, sólo lo revelan a él mismo; el hombre no atrae lo que desea sino lo que es; el aliento divino que moldea nuestros destinos está en nosotros mismos, es nuestro propio ser.
Solo el hombre puede encadenarse a sí mismo; los pensamientos y las obras son los carceleros del destino, aprisionan si son viles, también son los ángeles de la libertad, liberan si son nobles. El hombre no obtiene lo que desea o lo que pide, obtiene lo que en justicia merece y está ansioso por mejorar sus circunstancias, pero no está dispuesto a mejorar él mismo y por ello permanece encadenado. Los pensamientos honrados y las obras buenas jamás producirán resultados malos; los pensamientos deshonestos y las obras malas nunca producirán resultados buenos.
La mayoría de los hombres comprende esta ley en el mundo natural y se rige por ella, pero muy pocos la entienden en el mundo mental y moral; sin embargo, su función es igualmente simple y natural.
La felicidad –no los bienes materiales-, es la medida de un pensamiento recto y honrado. La infelicidad – no la falta de bienes materiales- es la medida de un pensamiento vil y falso. Un hombre puede ser rico e infeliz, puede ser pobre y feliz. La felicidad y las riquezas solo marchan unidas cuando las riquezas se usan con sabiduría y prudencia y el hombre pobre solo se sentirá desgraciado cuando piense que su suerte es una carga que lleva injustamente.
El hombre solo empieza a ser hombre de verdad, cuando deja de lamentarse y de atropellar, cuando empieza a buscar la justicia oculta que rige su vida y conforme adapta su mente a este elemento regulador, dejará de acusar y de culpar de su condición a fuerzas ajenas y se forjará a sí mismo con una mente poderosa y noble; dejará de revelarse contra las circunstancias y empezará a valerse de ellas como ayuda para progresar rápidamente y como medio para descubrir las facultades ocultas y las posibilidades que lleva en su interior. Cada ser humano es una prueba evidente de lo que acabamos de decir, cuando un hombre altera radicalmente sus pensamientos queda sorprendido ante las rápida transformación que se produce en las condiciones materiales de su vida.
La felicidad –no los bienes materiales-, es la medida de un pensamiento recto y honrado. La infelicidad – no la falta de bienes materiales- es la medida de un pensamiento vil y falso. Un hombre puede ser rico e infeliz, puede ser pobre y feliz. La felicidad y las riquezas solo marchan unidas cuando las riquezas se usan con sabiduría y prudencia y el hombre pobre solo se sentirá desgraciado cuando piense que su suerte es una carga que lleva injustamente.
El hombre solo empieza a ser hombre de verdad, cuando deja de lamentarse y de atropellar, cuando empieza a buscar la justicia oculta que rige su vida y conforme adapta su mente a este elemento regulador, dejará de acusar y de culpar de su condición a fuerzas ajenas y se forjará a sí mismo con una mente poderosa y noble; dejará de revelarse contra las circunstancias y empezará a valerse de ellas como ayuda para progresar rápidamente y como medio para descubrir las facultades ocultas y las posibilidades que lleva en su interior. Cada ser humano es una prueba evidente de lo que acabamos de decir, cuando un hombre altera radicalmente sus pensamientos queda sorprendido ante las rápida transformación que se produce en las condiciones materiales de su vida.
El hombre cree que puede mantener oculto sus pensamientos, pero no es así; el pensamiento cristaliza rápidamente en hábito y el hábito se materializa en situaciones.
Los pensamientos de temor, de dudas e indecisión, cristalizan en hábitos débiles, pusilánimes y vacilantes, que se materializan en situaciones de fracaso, de pobreza y de una dependencia esclavizante.
Los pensamientos de valor, de auto seguridad y decisión, cristalizan en hábitos varoniles y esforzados que se materializan en situaciones de éxito, de abundancia y de libertad.
Cuando un hombre se obstina en un determinado modo de pensar, sea bueno o malo, inevitablemente producirá resultados que afecten su carácter o las circunstancias a su alrededor.
El hombre no puede elegir directamente sus circunstancias, pero sí puede elegir sus pensamientos y por lo tanto, indirectamente, pero con gran seguridad, podrá modificar esas circunstancias. La naturaleza ayuda al hombre a la realización de los pensamientos que más estimula y le ofrece oportunidades que revelarán de inmediato, tanto los pensamientos honrados como los pensamientos equívocos.
Los pensamientos de temor, de dudas e indecisión, cristalizan en hábitos débiles, pusilánimes y vacilantes, que se materializan en situaciones de fracaso, de pobreza y de una dependencia esclavizante.
Los pensamientos de valor, de auto seguridad y decisión, cristalizan en hábitos varoniles y esforzados que se materializan en situaciones de éxito, de abundancia y de libertad.
Cuando un hombre se obstina en un determinado modo de pensar, sea bueno o malo, inevitablemente producirá resultados que afecten su carácter o las circunstancias a su alrededor.
El hombre no puede elegir directamente sus circunstancias, pero sí puede elegir sus pensamientos y por lo tanto, indirectamente, pero con gran seguridad, podrá modificar esas circunstancias. La naturaleza ayuda al hombre a la realización de los pensamientos que más estimula y le ofrece oportunidades que revelarán de inmediato, tanto los pensamientos honrados como los pensamientos equívocos.
El hombre deberá concebir y abrigar en su corazón un propósito legítimo y consagrarse a su realización, deberá convertir ese propósito en el eje de sus pensamientos; deberá hacer de ese objetivo su deber supremo y dedicarse a su conquista sin permitir que su mente se extravíe en quimeras, caprichos o fantasías. Aunque fracase una y otra vez en el logro de su propósito –como necesariamente ocurrirá, hasta que haya superados sus debilidades- la fuerza de carácter que haya ganado será la medida de su verdadero éxito y este progreso le ofrecerá un nuevo punto de partida para adquirir más fortaleza y cosechar mayores triunfos.
Una vez que el hombre ha concebido su propósito tendrá que trazarse mentalmente un camino recto que lo lleve a su logro sin desviar ni un ápice su mirada; tendrá que descartar definitivamente las dudas y los temores que nunca han logrado nada, que jamás lograrán nada y que inevitablemente conducen al fracaso.
El propósito, la energía, la voluntad para actuar y todos los pensamientos enérgicos desaparecen cuando existen dudas y temores. La voluntad para actuar, emana del conocimiento de que podemos actuar y el hombre que ha conquistado la duda y el temor, ha conquistado el fracaso. Todo lo que un hombre alcanza en la vida, todo lo que no logra alcanzar, es resultado directo de sus propios pensamientos.
El sueño que una persona glorifique en su mente, el ideal que entronice en su corazón, serán las normas que rijan su vida y esa persona será como ese sueño, como ese ideal.
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